La seguridad física, tradicionalmente anclada en dispositivos aislados y despliegues locales, está experimentando una transformación estructural. En su análisis anual, Axis Communications identifica cinco tendencias tecnológicas que, lejos de ser rupturistas, consolidan una evolución que ya ha comenzado a reconfigurar el sector. En 2026, la prioridad no será tanto adoptar nuevas herramientas como integrar de forma coherente las ya existentes.
Según el informe presentado por Axis, el protagonismo creciente de los departamentos de TI en las decisiones sobre seguridad está modificando el punto de partida de muchas organizaciones. La elección de un ecosistema tecnológico completo, más que de un dispositivo o software específico, se ha convertido en la decisión estratégica inicial. Esta lógica, heredada del enfoque tradicional de TI, busca asegurar compatibilidad, escalabilidad y soporte a largo plazo.
Ecosistemas integrados como eje decisional
El concepto de “el ecosistema es lo primero” responde a la necesidad de coherencia tecnológica en entornos cada vez más complejos. Sensores, cámaras, analíticas y software de gestión requieren una integración fluida. En este contexto, comprometerse con un ecosistema sólido, respaldado por un proveedor con capacidad de innovación y una red de partners amplia, permite reducir fricciones técnicas y operativas. No se trata solo de eficiencia: también está en juego la seguridad del ciclo de vida del producto, especialmente en lo relativo al soporte de software.
Este enfoque también refleja una realidad organizativa: la convergencia entre los equipos de seguridad física y los departamentos de TI. La decisión de compra ya no recae exclusivamente en los responsables de seguridad, sino que se comparte con perfiles técnicos que priorizan interoperabilidad, ciberseguridad y gestión centralizada.
Arquitecturas híbridas: más allá del término
Aunque la arquitectura híbrida no es nueva, su evolución es significativa. Tradicionalmente definida como una combinación de procesamiento en el extremo, servidores locales y nube, esta estructura está cambiando de equilibrio. Las cámaras actuales, equipadas con capacidades de IA más avanzadas, pueden asumir tareas que antes requerían servidores dedicados. Al mismo tiempo, la nube ha ganado peso como espacio de análisis y generación de inteligencia operativa.
Este desplazamiento de cargas hacia el extremo y la nube responde tanto a mejoras tecnológicas como a una presión creciente por reducir costes y aumentar la agilidad. Sin embargo, Axis matiza que la mayoría de las soluciones siguen siendo locales, y que la transición completa hacia modelos híbridos será gradual. Persisten razones legítimas para mantener recursos locales, como las grabadoras de vídeo en red, especialmente en entornos con limitaciones de conectividad o requisitos regulatorios.
Computación en el extremo: un salto cualitativo
La computación en el extremo (edge computing) ya no es una promesa futura. En el ámbito de la videovigilancia, su despliegue se ha acelerado gracias a la integración de IA directamente en las cámaras. Esto permite generar metadatos en tiempo real, realizar análisis avanzados en el dispositivo y reducir la dependencia de servidores centrales. El resultado es una escalabilidad más eficiente: cada nuevo dispositivo aporta capacidad de procesamiento adicional.
Además, las preocupaciones sobre ciberseguridad, que en el pasado limitaban la adopción del edge, han disminuido. Funcionalidades como el arranque seguro o los sistemas operativos firmados refuerzan la confianza en estos dispositivos como nodos seguros dentro de la red.
Vigilancia móvil: expansión silenciosa
La vigilancia móvil, aunque no es una novedad, está entrando en una fase de expansión acelerada. Las mejoras en conectividad, eficiencia energética y capacidades de IA han hecho viables soluciones como remolques móviles o unidades autónomas en entornos donde antes era inviable desplegar vigilancia permanente. Desde obras y eventos hasta zonas rurales, estos sistemas permiten cubrir espacios sin necesidad de presencia física constante.
La flexibilidad operativa también juega a su favor. En muchos casos, obtener permisos para una solución móvil es más sencillo que para una instalación fija. Además, el uso de energías renovables y baterías de larga duración amplía su autonomía, reduciendo la necesidad de intervención humana.
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Autonomía tecnológica: un ideal complejo
El último eje identificado por Axis no es tanto una tendencia como una advertencia. La búsqueda de autonomía tecnológica, entendida como el control sobre componentes críticos, se ha intensificado en sectores como la automoción. Sin embargo, diseñar internamente elementos como semiconductores implica entrar en terrenos de alta complejidad técnica y económica.
Axis ilustra esta tensión con su propio caso: el desarrollo del chip ARTPEC, iniciado hace más de dos décadas, ha permitido a la compañía controlar aspectos clave de sus productos, como la codificación de vídeo. Esta capacidad ha facilitado, por ejemplo, la incorporación temprana del estándar AV1. Pero no todas las empresas pueden o deben replicar este modelo. La interdependencia de las cadenas de suministro globales hace que la autonomía total sea, en muchos casos, inalcanzable.
Más allá de la tecnología, Axis subraya que la innovación sostenible requiere colaboración. Escuchar a los clientes, trabajar con partners y compartir conocimiento son prácticas que, aunque menos visibles que un nuevo algoritmo, resultan esenciales para anticipar los cambios y adaptarse a ellos.
En 2026, el sector de la seguridad física no se enfrenta a una disrupción repentina, sino a una reconfiguración progresiva. Las decisiones estratégicas girarán en torno a la integración, la eficiencia operativa y la capacidad de adaptación. Y, como sugiere el análisis de Axis, el verdadero reto no será adoptar lo nuevo, sino coordinar lo existente con inteligencia.













